El día "D"

Érase una vez, hace muchos, muchos años, una pequeña e inocente Servidora que, como todos los niños, rebosaba curiosidad por entender este mundo que nos rodea... Eran tantas las cuestiones trancendentales que no podía dejar de plantearme: por qué flotan los barcos? (curiosamente nunca me preocupó tanto saber por qué vuelan los aviones), por qué solo hay albaricoques en verano? Por qué no pueden vernos los señores de la tele? Y por supuesto, el clásico: cómo se hacen los niños?

Un domingo alarmante

Domingo por la mañana. No sé qué hora es, pero sé que es temprano. Lo sé porque estoy retozando tranquilamente en la cama, calentita, sin mayor preocupación que girar de lado a lado y volverme a dormir.

De repente, suena el timbre. “Ya están los de las biblias”, pienso. Ah no, espera, que es domingo. Vuelve a sonar el timbre. Para cuando se levanta Polanski y se asoma a la ventana, el timbre ya ha sonado unas tres veces. Son dos señores, me dice. “Buff, los de las biblias, que ahora también trabajan los domingos”, sigo pensando.

Quién me manda a mí!

La brillante idea se me ocurrió en pleno periodo hormonal, posiblemente en uno de los picos. Me crecí en ausencia de mis plenas facultades mentales (todo lo plenas que pueden llegar a estar, se entiende) y se me antojó conveniente el refrescar el correcto (subrayo correcto, versus lo que hago ahora) uso de preposiciones, declinación de adjetivos y demás minucias de las que hasta ahora no me he preocupado porque, total, incluso con preposiciones aleatorias, entenderme me entienden.

Potando voy, potando vengo

Érase una vez, un polaco y una española que feliz e inocentemente paseaban por los Alpes. Quiso el destino que se me escapase el telesilla y que él llegase a tiempo de coger el mio, y unos años después, papá puso una semillita en mamá y la empujó con...

Lo que estoy intentando decir es, que estamos embarazados!